El papel de la inhibición en el aprendizaje
El papel de la inhibición en el aprendizaje
Si sabes lo que haces, puedes dejar de hacerlo
Introducción
Hace unos años, impartí una clase de F.I. a una alumna de un programa de formación que tenía una amplia experiencia tanto en el trabajo individual como en el trabajo en grupo. Nuestro trabajo se centró en su patrón de marcha, que ella describía como «extraño». Mientras estaba tumbada en la camilla, observamos muchos cambios en su organización: sus piernas parecían encontrar una alineación diferente y su pecho cambiaba de forma. Cuando finalmente se levantó y comenzó a caminar, el cambio en su postura era evidente, pero rápidamente volvió a su patrón de marcha habitual.
La detuve y le pedí que inhibiera su tendencia a inclinar las rodillas hacia dentro. Ella me miró, algo desconcertada, y comentó que, durante todos sus años de práctica de Feldenkrais, nadie le había dicho nunca que dejara de hacer —o que inhibiera— lo que estaba haciendo. Pude ver que la instrucción la confundía y la frustraba. Después de discutirlo un poco, encontré una manera de replantear la situación y convertirla en una experiencia de aprendizaje agradable para ella. Este momento resultó revelador y me llevó a investigar el papel y el uso de la inhibición en el aprendizaje, particularmente dentro del método Feldenkrais.
Cuanto más investigaba el concepto de inhibición en psicología y fisiología, más comprendía lo fundamental que es «para reflexionar sobre cómo es posible el orden a nivel social e individual: cómo los valores sociales instruyen la acción de una persona, cómo ejercemos —o dejamos de ejercer— nuestra voluntad, cómo la mente regula el cuerpo y cómo el cerebro controla las funciones fisiológicas automáticas» (Smith 1992, p. vii). No es de extrañar que Moshe Feldenkrais afirmara:
«… la inhibición es el elemento o la cosa más importante para el aprendizaje. Es imposible aprender nada sin inhibición. Si quieres diferenciar algo, debes inhibir algo… Si hablamos de aprendizaje, la excitación es secundaria a la inhibición. Sin inhibición, no se puede aprender una nueva habilidad»
(Amherst, 21 de julio de 1980).
Sin embargo, a pesar de esta firme declaración, y a pesar de la noción intuitiva de que no pueden surgir nuevos patrones de comportamiento sin suprimir los existentes, surgen varias preguntas: ¿Qué significa el concepto de inhibición en general? ¿Cómo lo entendía Feldenkrais y por qué es tan importante para el aprendizaje? ¿Cómo se relaciona con otros aspectos del aprendizaje y cómo se aplica en la práctica dentro del método?
El concepto de inhibición
«Inhibición» es un término con una larga historia en las ciencias de la mente y, como suele ocurrir, fue tomado prestado de la psicología popular y el discurso moral a principios del siglo XIX. Curiosamente, desempeñó un papel clave en la consolidación de la neurología moderna como encrucijada entre la psicología y la fisiología.
En el contexto filosófico y social —y, por tanto, moral— del que surgió la ciencia del siglo XX, la inhibición se refería al proceso de restringir o suprimir una posibilidad existente de comportamiento, pensamiento o respuesta como parte de un mecanismo de control, normalmente en la educación y la socialización. Este control se atribuía al poder de la voluntad sobre los impulsos y funciones «inferiores» y, por lo tanto, se consideraba un signo de cultura, moralidad y personalidad madura.
Esta noción persiste en muchos aspectos de la sociedad contemporánea. Un ejemplo típico es el niño que aprende a controlar sus esfínteres o a eliminar un comportamiento concreto, ya sea de forma independiente o como resultado de la imposición de los adultos. En este sentido, la inhibición se asocia con la jerarquía: un nivel superior ejerce poder sobre un nivel inferior y condiciona su expresión.
Con el desarrollo de la ciencia de la mente, el papel de este nivel superior —antes social— se atribuyó cada vez más al sistema nervioso. En consecuencia, la estructura del sistema nervioso pasó a considerarse jerárquica. Junto a esta visión, surgió otro concepto: la inhibición paralela, en la que compiten dos posibilidades (o sistemas) y la activación de uno excluye la expresión del otro. Esta opción se considerará más adelante.
El fenómeno de la inhibición, y su uso como concepto explicativo, está ahora muy extendido en la neurociencia, la ciencia cognitiva y las teorías del aprendizaje y la memoria. En neurociencia, la inhibición es crucial para comprender la regulación en el sistema nervioso central, ya que la excitación por sí sola no puede explicarla. La inhibición se produce cuando las neuronas suprimen la actividad de otras neuronas mediante la liberación de neurotransmisores inhibidores (como el GABA y la glicina), reduciendo así la probabilidad de desencadenar un potencial de acción.
La inhibición neural se clasifica comúnmente según su ubicación en la red neural: sináptica, presináptica, postsináptica, recurrente o lateral. Además, la desinhibición se refiere a la inhibición de las neuronas inhibidoras, lo que efectivamente «libera» una neurona o red previamente suprimida y le permite volverse más activa.
Estos mecanismos inhibitorios son esenciales para:
- 1Prevenir la señal excitatoria.
- 2Filtrar la información sensorial suprimiendo los estímulos irrelevantes, lo que permite concentrar la atención.
- 3
Crear una coordinación muscular fluida, en la que se inhiben los músculos antagonistas mientras se contraen los agonistas. En muchos casos de lesión cerebral, la pérdida de inhibición provoca la excitación simultánea de ambos grupos y la consiguiente espasticidad.
- 4
Coordinar la actividad muscular dentro de las unidades de acción, donde se pueden utilizar diferentes combinaciones musculares para realizar la misma acción.
A partir de estos puntos, queda claro que los mecanismos inhibitorios son cruciales para el aprendizaje de nuevas habilidades, ya que son la base de la capacidad de excluir ciertos estímulos y acciones, creando así opciones y adaptabilidad. El sentido común sugiere que saber qué no hacer es tan importante como saber qué hacer, y que la adaptación a menudo depende de distinguir entre estas dos posibilidades.
Al mismo tiempo, es esencial distinguir entre los mecanismos inhibitorios inconscientes y automáticos y los asociados con las estructuras cerebrales superiores y la voluntad. Estos últimos pertenecen al ámbito de la inhibición social: la capacidad del individuo para modificar su conducta anulando un reflejo, un hábito o una tendencia mediante la elección personal, la presión social o una combinación de ambas. Esta distinción —entre la inhibición volitiva (cortical) y la inhibición neural— es crucial para comprender la singularidad del enfoque de Feldenkrais.
Dr. Feldenkrais sobre la inhibición
En “Body and Mature Behavior”, Feldenkrais presenta los fundamentos neurológicos de su método junto con sus implicaciones prácticas. El libro está profundamente arraigado en la psicología y la fisiología de su época y aborda muchas de las cuestiones planteadas por el análisis de Smith, basándose en destacadas investigaciones de principios del siglo XX.
Feldenkrais pretendía establecer las condiciones para el cambio de comportamiento y una mayor conciencia, afirmando que tal cambio sería imposible sin mejorar el aprendizaje motor. Esta encarnación radical, introducida al principio y desarrollada a lo largo del libro, se estructura en torno a varias afirmaciones clave:
- 1El comportamiento neurótico o compulsivo, la ansiedad y la rigidez se derivan de una falta de capacidad de adaptación al entorno.
- 2
El desarrollo de esta capacidad no depende de la comprensión racional de los propios defectos y del cumplimiento de las normas sociales (como en el psicoanálisis), sino de la creación de opciones alternativas.
- 3
La creación de opciones —aprender a hacer lo contrario— depende principalmente de procesos inconscientes más que de la voluntad directa. Sin embargo, se pueden crear racionalmente las condiciones para el aprendizaje inconsciente u orgánico.
- 4
La base de todo comportamiento es el movimiento en el espacio. La ansiedad está íntimamente ligada a los mecanismos antigravedad; por lo tanto, mejorar la función motora, incluida la propiocepción, es esencial para el crecimiento psicológico y para alejarse de la compulsividad y la rigidez.
Al analizar la dinámica neurológica del aprendizaje, Feldenkrais se basa en la teoría de Pavlov sobre los reflejos condicionados y los principios de aprendizaje establecidos, pero su interpretación es distintiva. Concluye:
«El trabajo de Pavlov ha demostrado, en el caso de las inervaciones involuntarias, que la parte tiende a restablecer la situación total, y que los psicólogos sabían que esto era así en el caso de las inervaciones voluntarias… para cada funcionamiento sensoriomotor vegetativo, la situación total se restablece en determinadas condiciones ante la aparición de cualquier parte de ella» (p. 48).
Esta idea subyace a los conceptos de integración y diferenciación: cualquier unidad de comportamiento está siempre integrada en un todo más amplio. En consecuencia, la comprensión racional y la corrección consciente no impiden que un patrón suprimido reaparezca cuando se activa uno de sus componentes. Esto es cierto incluso para algo tan aparentemente simple como la postura.
Según Feldenkrais, un cuerpo mal organizado es aquel en el que:
«Las partes no utilizadas se debilitan y se atrofian; otras partes soportan una carga correspondientemente más pesada y se sobrecargan. Las células motoras fatigadas se convierten en núcleos inhibidores, y toda una serie de actos quedan excluidos y se vuelven imposibles» (p. 118).
Para alcanzar el equilibrio y la madurez, hay que mejorar la capacidad de actuar y sentir a través de la acción, ya que la elección y la adaptabilidad dependen de un estado tónico erguido que ofrezca las mismas oportunidades para todas las acciones y combinaciones musculares.
Esta mejora se logra cambiando la relación entre la excitación y la inhibición en la corteza: acostarse en el suelo reduce o inhibe el esfuerzo habitual de sostener el cuerpo; el movimiento se organiza de manera que (1) solo se activa un pequeño grupo de músculos, lo que (2) inhibe a sus antagonistas y reduce los umbrales de contracción habituales; (3) se evita la respuesta habitual completa a la gravedad; y (4) el alumno adquiere una nueva experiencia sensorial de contracción reducida y mejora de la calidad de la acción.
Este último punto es fundamental en la concepción de Feldenkrais sobre la salud y la madurez del sistema nervioso, entendida como autorregulación espontánea. Su postura se hace más clara cuando se contrasta con la de Freud —a quien critica explícitamente por tratar las normas sociales como sacrosantas— y con la de Alexander, cuyo método se basa en la inhibición consciente de los hábitos defectuosos. Feldenkrais sostiene que, mientras sea necesario el control consciente para contrarrestar los impulsos propioceptivos habituales, el aprendizaje seguirá siendo inmaduro y la atención se verá sobrecargada de una manera desconocida para las personas plenamente desarrolladas (p. 126).
Discusión
El rechazo de Feldenkrais a la inhibición voluntaria como medio para cambiar el comportamiento, junto con sus estrategias para facilitar la reorganización del sistema nervioso, constituye la base de su método. En su opinión, el aprendizaje debe producirse de forma espontánea y no mediante el dominio de los procesos inconscientes por parte de la voluntad consciente.
Sin embargo, el comportamiento de los adultos ya está moldeado por capas de inhibiciones sociales y conscientes adquiridas, sistemas de creencias que desempeñan un papel importante en la dinámica del aprendizaje. No siempre es posible lidiar con estas inhibiciones existentes y trabajar para desinhibir acciones y partes del cuerpo sin una participación consciente.
Esto plantea dos preguntas clave: en primer lugar, ¿qué se puede ganar «inhibiendo la inhibición» e involucrando la voluntad en el aprendizaje espontáneo?; y en segundo lugar, ¿cómo se puede hacer esto sin interrumpir los procesos de aprendizaje inconscientes que Feldenkrais enfatizó?
Antes de abordar estas preguntas directamente, es útil revisar las formas en que la inhibición ya se aborda en el método, tanto en ATM como en F.I.:
Volviendo a la inhibición consciente, debemos reconocer que «las viejas costumbres nunca mueren». La aparición de una nueva opción no elimina automáticamente la antigua; los períodos de transición son inevitables. En tales casos, la inhibición puede ayudar a identificar patrones competitivos o posibilidades suprimidas.
Por ejemplo, una clienta con dolor de espalda crónico mejoró solo después de reconocer que habitualmente apretaba las rodillas cuando se sentaba, un comportamiento condicionado por su educación religiosa. La conciencia de esta inhibición no cambió inmediatamente el hábito, pero aclaró el patrón. Dinámicas similares se producen después de un trauma, donde los patrones más antiguos persisten bajo compensaciones más recientes.
Así, aunque la inhibición cortical por sí sola no puede cambiar el comportamiento, puede apoyar el aprendizaje al aclarar los hábitos, revelar los patrones inhibidos y abrir espacio para la observación. Utilizada con habilidad, la inhibición consciente puede restaurar la agencia y mejorar la conciencia, siempre que se aplique en el momento adecuado y cuente con el apoyo del profesional.
Conclusiones
Comprender la inhibición dentro del sistema nervioso es esencial para comprender la formación de hábitos. Crear o modificar hábitos implica alterar el equilibrio entre la excitación y la inhibición. Feldenkrais reconoció esta dinámica y desarrolló un proceso de aprendizaje que apoya ese cambio, pero rechazó la inhibición voluntaria por considerarla ineficaz y excesivamente socializada.
Al hacerlo, pasó por alto dos hechos importantes. En primer lugar, la inhibición cortical, ya sea autoimpuesta o adquirida socialmente, es una parte ineludible de la historia personal y desempeña un papel importante en la dinámica de los hábitos. En segundo lugar, excluir por completo la inhibición consciente ignora una poderosa vía para la conciencia durante las transiciones entre los hábitos antiguos y los nuevos.
El uso inteligente de la inhibición consciente requiere saber cuándo y cómo aplicarla. La inhibición prematura de un patrón, sin una diferenciación suficiente o sin alternativas, puede confundir al alumno y perturbar la experiencia. Pero cuando se utiliza con sensibilidad y comprensión, la inhibición puede favorecer la observación, la diferenciación y, en última instancia, la conciencia, que es la base de un aprendizaje significativo.
Bibliografía
Alexander, F. M. The Use of the Self. Methuen, 1948.
Feldenkrais, M. Body and Mature Behavior. International Universities Press, 1949.
Reese, M. Moshe Feldenkrais: A Life in Movement. ReesKress Somatic Press, 2015.
Smith, R. Inhibition: History and Meaning in the Sciences of Mind and Brain. University of California Press, 1992.


