Voz
Todo el mundo tiene una voz; cada voz tiene un cuerpo.

La vocalización es un fenómeno fascinante y único.
He estado fascinado por la voz humana desde siempre. Los innumerables matices y colores de la voz diaria de cada persona—textura, tono, pronunciación, acento y uso— crean una enorme variedad y diversidad entre las personas. Sin embargo, como ocurre con cualquier otro hábito, cada voz es profundamente personal.
Me llevó tiempo comprender que la voz en sí misma es solo el resultado de un complejo conjunto de acciones que hacen vibrar las cuerdas vocales y dan forma al sonido hasta convertirlo en una forma de comunicación. Por lo tanto, podemos relacionarnos con la vocalización como con cualquier otra habilidad, y podemos aprender a desarrollarla con un nivel de dominio cada vez mayor. Eso se puede aplicar a cualquier uso de la voz, sea hablada o cantada.
En mi ámbito de trabajo, al que llamo Voz Encarnada, trabajamos directamente con la capacidad de percibir lo que ocurre en cada uno de los distintos componentes de la vocalización, y así aprender a crear formas cada vez más ricas y efectivas de utilizarla. Cuanto más puedas percibir el trabajo delicado de los diferentes músculos —algunos de ellos muy pequeños y situados en el interior del cuerpo—, mayor será tu sensibilidad sobre lo que haces y cómo lo haces. Cuanta más sensibilidad tengas sobre tus acciones, más matices podrás producir con tu voz. Este aumento de riqueza no solo mejora la calidad vocal, sino también la percepción de la propia voz y la escucha de la voz de los demás.
A partir de esta creciente sensibilidad, pueden desarrollarse otros aspectos del uso funcional de la voz: el primero es el uso de la vibración vocal para mejorar la percepción de partes del cuerpo que no son fáciles de sentir directamente, como el interior de los ojos o la garganta. El segundo es la dinámica de la comunicación interpersonal, como la imagen que tengo de mi propia voz y forma de comunicarme, o los aspectos emocionales de la voz y el habla. El tercero es la calidad de la escucha, tanto de uno mismo como de los demás.


